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sábado, 30 de enero de 2010

Amor satisfecho: Descubrir sensaciones


Los Sexshop son tiendas en donde las parejas pueden descubrir instrumentos de placer para motivar y disfrutar las relaciones íntimas.

En Latinoamérica poco a poco se han abierto los espacios en las ciudades donde se pueden localizar estas distribuidoras. Pero en Europa, esto es un boom para las satisfacciones tanto corporales como espirituales, el buen desempeño en la actividad sexual, refleja el ánimo y el sentimiento de acuerdo a la psicología respectiva.

En Madrid existe un innovador Sexshop donde se pone a la disposición de las parejas y amantes, todo tipo de instrumento para la satisfacción de sus inquietudes. Su variedad no tiene límites, en este lugar encontrarás lo adecuado para cada ocasión.

Natur Line Sex, es una tienda que debes visitar sin inhibiciones, sus maravillosas variedades van desde productos para hombres y mujeres, libros, juegos corporales, lubricantes, vibradores y sus ofertas están magnificas.

En la actualidad, el despojo de los tabúes es importante, abrirse algunos panoramas, y realizar las fantasías personales, ¿o morirás sin descubrirlo?

En Natur Line Sex, también se preocupan por la belleza que tanto está presente en las mujeres, por ello, contiene un apartado dedicado a lo estético, para dar ese reflejo a la hermosura natural. Porque una mujer no existe sin vanidad, Natur Line Sex brinda gran variedad para el cuidado del cuerpo y la mente.

La tienda se encuentra en la ciudad de Madrid, pero gracias al internet, les dejo un acercamiento inmediato a través de la siguiente liga Sexshop no dejes de visitar esta tienda que ha revolucionado este negocio.


Sexshop

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jueves, 21 de enero de 2010

Respuestas sobre ALLENDE, COAHUILA


Hola gente de Allende, Coahuila.


Ahora les escribo sobre este sistema de mensajes vía celular, donde podremos conseguir una respuesta o dato sobre nuestra ciudad Allende, Coahuila.


Así como lo leen, basta enviar desde nuestro teléfono celular la palabra MAT ALLENDE al número 7766 y nos llegará a nuestro teléfono un dato interesante sobre nuestro pueblo.


Un inconveniente nada más. Que por el momento es funcional con teléfonos MOVISTAR, pues aún no está disponible el servicio en la compañía TELCEL.


Ok. espero y disfruten de este nuevo sistema, que tiene un costo de $13 + iva.


miércoles, 20 de enero de 2010

martes, 19 de enero de 2010

Luz del monte (Parte 3/3)

Una tarde de calor radiante, tres jóvenes trabajadores llegaron ante la puerta del jacal de Luz, solicitándole de favor un vaso con agua para beber. Permitió que los jóvenes sacaran agua fresca del pozo, y bebieron mientras platicabas con ella, quien indago su procedencia. Uno de los jóvenes le explico que iban del pueblo de Allende, sus nombres Miguel, Isabel y Luis.

Miguel, el joven que más platicaba comenzó a explicar quienes eran sus padres y hacia que tierras se dirigían para los trabajos del maíz. Luz del monte les platica que ella tiene una hija en ese pueblo del cual son originarios. Miguel le cuenta de su novia y le comenta que se llama María de la Luz, precisamente como aquella anciana. La anciana recibe un vuelco en el corazón e interroga sobre quien es la madre de aquella muchacha, Miguel le da a conocer que el nombre de los padres de su novia; María de los Ángeles Saucedo y Luis Barrientos. Los ojos de Luz del monte se humedecen al saber que estaban hablando de su nieta. Confiesa al joven Miguel sobre el asunto, contándole la historia completa, las horas pasan en medio de la plática. La alegría acrecentó al saber que los otros dos jóvenes, Isabel y Luis, eran los cuñados de Miguel y nietos de aquella anciana.

Los adolecentes Isabel y Luis llegando a sus casas confiesan a su madre que han conocido a su abuela, y que les había platicado una historia que desconocían. En el lugar se encontraba doña Marcelina, la mamá Nina, que toda la vida había sido su abuela, la mujer se pone a llorar pensando que sus nietos la despreciarían. María de los Ángeles consuela a la anciana asegurándole que no conoce más madre que a ella.

Los jóvenes siguen visitando a Luz del monte en su paso al trabajo, en las tardes al regreso, la anciana tenía listo en guiso de gallina o algunas tortillas hechas a mano que enviaba a su hija. Alimento que hubiera querido darle en su niñez, pero que ahora lo mandaba como si fuera un envío clandestino.

Una mañana nublada, llega Miguel al jacal de Luz del monte y le informa que se casará con María de la Luz, su nieta. La anciana se envuelve de alegría, y le hace prometer que cuando su nieta sea su mujer la llevará hasta ese jacal que ella misma levanto con sus propias manos, deseosa de conocerla.

El tiempo pasa y el encuentro se realiza, Miguel lleva a su ahora esposa a conocer a su verdadera abuela. Las dos del mismo nombre platican y conviven, en el interior de Luz del monte permanece el amor y la conciencia de que estuvo presente en el amor de su hija, quedando demostrado por el hecho de que puso a su hija el mismo nombre de ella, de una madre que no había podido disfrutar en su niñez.

En esa ocasión Luz del monte hizo unas tortillas enormes donde cabía envuelta una gallina cosida que ella misma preparo, la envío como regalo a su hija, María de los Ángeles.

Parecía que el tiempo le hubiera regresado la felicidad, que ahora estuviera cobrándose la factura por toda la amargura que pasó.

Un día la anciana Luz del monte acude ante el marido de María de los Ángeles solicitando su anuencia para visitar a su esposa. Luis concede debido a que conocían la historia y que el tiempo ya se había llevado a la Tía Nina, fallecida años antes.

El reencuentro se hace inolvidable, madre e hija conviven por horas, platican, lloran, ríen, y la noche las alcanza. Luz del monte se ve con necesidad de retirarse porque sus hijastras se encuentran solas en el jacal del monte, María de los Ángeles se deshace en lágrimas reprochando que cuide de unas hijas, cuando a ella de niña no la tuvo, y sus recuerdos alcanzaban que aquella vez su madre bajo las escaleras de la presidencia y ni siquiera un beso de despedida le brindó. Luz del monte acongojada explica de todas las veces que la tuvo cerca, a escondidas, en su primera comunión, mientras jugaba, en las misas, en el mercado, en sus cumpleaños.

La temporada de frío fue fatal en aquel ultimo año de vida de Luz del monte, su salud empeoró y su nieta María de la Luz cuidaba de ella, Luz del monte confiesa a su nieta que ella nunca fue infiel a su marido, que todo lo que sucedió fue debido a que Nieves en aquel entonces su esposo, era un mujeriego empedernido, que además con el tiempo Melquiades el amigo de Nieves, acudió en busca de ella, anciano y enfermo para pedirle perdón por la difamación contra ella, debido a que él solo se había prestado a aquel engaño argüido por Nieves debido a que aquel quería separarse pero quedarse con la niña.

Su nieta la vio los últimos momentos de su vida, pudiendo descansar en paz, aquella Luz del monte se apagó con el corazón encendido de felicidad por haber concluido su camino, encontrando el amor de su hija y de sus nietos.

Con el paso del tiempo la Luz sigue encendida, debido a que a través de las generaciones se ha encendido tras descendencias de aquella vida de Luz del monte a través del nombre en la familia. María de la Luz y Miguel engendraron una pequeña a quién bautizaron con el nombre de ella; con el paso del tiempo otra de las hijas de Miguel y María de la Luz hicieron llevar el nombre a una descendiente: Déborah Luz, quien ésta ultima engendro a su vez a una bebe cuyo nombre sería Diana Luz…
Fin
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*Narraciones familiares

lunes, 18 de enero de 2010

Luz del monte (Parte 2/3)

El tiempo transcurre, pero María de la Luz no se ha detenido a llorar más, con la poca herramienta que consiguió, arranca ramas y troza algunos troncos, arma un jacal improvisado y resistente, paredes y techo; con tierra y agua de acequia logra una mezcla lodosa y con ella recubre las paredes de los desechos vegetales, por fin termina su jacal e improvisa muebles para vivir, usa piedras como si fueran sillas y una más grande como si fuera mesa. Semanas enteras tardo para conseguir cavar profundo hasta que encontró agua, y así con su noria primitiva consigue agua para consumir, sin tener que caminar hasta el curso de la acequia y así mismo evitar caminar con pesados cubos llenos de agua, mismos que algunas veces llegan vacíos debido al deterioro de los mismos, viejos y con hoyos.

Su vivir diario es encerrada en la naturaleza, cuando llega a salir en busca de alimento y necesidades, tiene que caminar hacía el pueblo en vuelta en su rebozo, para no mostrar el rostro, algunas veces no evita ser reconocida y humillada con palabras groseras y golpes de piedras arrojadas por la gente que se siente “decente”.

La vereda que conduce a su jacal con el tiempo que ha pasado ya se ha marcado limpio, que algunos niños llegan hasta ahí y hacen favores a María de la Luz, así ella evita las humillaciones enviando a los niños para que lleven hasta su jacal los productos que ella necesita. Los rostros infantiles cambian con el paso del tiempo, ya que en cuanto sus padres se enteran que le están haciendo mandados a la mujer del monte, les prohíben acercarse a ese jacal.

Ella de todas formas acude algunas noches encubierta a distancia prudente para ver a su pequeña hija, el tiempo ha pasado, pero ella la observa como siempre a hurtadillas, el amor de madre la hace buscarla, sueña con explicarle algún día la verdad.

María de la Luz un domingo se vistió y se enrollo un rebozo en la cabeza para no ser identificada, acudió a misa en la iglesia del pueblo, ahí pudo ver a su pequeña al lado de los hermanos de Nieves, sus tíos la estaban criando.

Algunos trabajadores del campo usan también la vereda que lleva al jacal de María de la Luz, en su ir y venir a los trabajos de maíz y sorgo, algunos cuidadores de chivas. Algunos han hecho amistad con la mujer, quien en el fuego les calienta sus lonches a sus amigos los trabajadores. El paso del tiempo no lo ha sentido, anhelando el encuentro con su hija, pero las manos que voltean las tortillas en ese fuego, ya se muestran arrugadas, la mujer ya batalla para moverse con habilidad, sonríe, aún sonríe, sueña, pero los años la han cansado.

La gente en ese pueblo ha cambiado, los niños han crecido, algunos viejos han muerto, muchos ya han olvidado a esa mujer que provocaba la ira con su presencia pública en el pueblo, ya casi nadie la recuerda, es más los pocos que saben que existe, solo la nombra doña Luz, doña Luz la del monte.

Algunos de sus amigos trabajadores del campo, le regalan a la anciana alguna chiva, gallinas y en ocasiones le obsequian leche de la ordeña. Así es como Luz del Monte va matando las horas con sus pocos animalitos, y en las pláticas con los trabajadores a la hora de la comida. En ocasiones ella misma recolectaba algo de maíz de los campos y haciendo su nixtamal convidaba a los trabajadores de los alimentos. Con sus pocas gallinas que ella misma criaba, llenaba una tina de huevos, así mismo caminaba hacia el pueblo y en los primeros jacales, espiaba atenta a los niños para que ellos le hicieran el favor de vender los blanquillos en las tiendas y algunas compras de café, azúcar, chile, tomate, etc. dándoles una propina a los niños, regresaba a su jacal con las ganancias de la pequeña venta.

El tiempo solo le había llevado noticias escasas de su hija, pues ella había ido a vivir en otro pueblo al lado de sus tíos que habían hecho las veces de padres. Supo que su hija se había casado y que ya formaba una familia con hijos. Pero Luz del monte ya había perdido la oportunidad siquiera de conocerlos en vista. El tiempo le concede contraer matrimonio con Basilio, un señor viudo con dos hijas por cuidar.


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*Narraciones familiares.

domingo, 17 de enero de 2010

Luz del monte (Parte 1/3)

Hubo una vez en la existencia del Estado Coahuila de Zaragoza en México, una mujer de nombre María de la Luz Guzmán. Era joven y de aspecto sencillo, diariamente se afanaba en las tareas hogareñas combinando así su labor de madre, quién educaba a su pequeña hija María de los Ángeles. En aquél pueblo con calles de tierra y casas humildes alejadas entre si de los vecinos; ella misma comenzaba a instruir a la pequeña niña en su aprendizaje de números, vocales y colores.

Aquella noche de calor insoportable, cuando el sudor parece que se destila del cuerpo cual esponja repleta de agua, la luz del quinqué alumbraba destellando su luz por el interior del jacal, María de la Luz sacaba las últimas gordas de maíz cocidas sobre la lámina que la hacía de estufa, sobre unas grandes piedras donde se guarecían leños encendidos. Después de colocar las gordas envueltas en un secador de manta, sobre la mesa formada de tablas que hace dos canículas, Nieves, su marido, había clavado y tallado cuidadosamente para usarla a diario en la cocina. Da un beso en la mejilla de la pequeña que yacía sobre el colchón, a medio dormir bajo la sábana blanca ya traslucida por el uso de varios años. La madre sentada en la silla de ixtle junto a la mesa que sostenía el quinqué y envuelta en su rebozo, esperaba paciente la llegada de su marido para servirle los frijoles de olla con cilantro que había preparado para la cena. No se le ocurre más que entonar en voz alta un rezo ya conocido, que la misma niña adormilada sigue inconscientemente:
Padre nuestro que estas en el cielo.
Santificado sea tú nombre.
Venga a nosotros tu reino…

No alcanzó a terminar su oración porque unos golpes en la puerta la sacaron de súbito de su actividad. Llamaban con desesperación que instintivamente tomó un jarro de barro que estaba a la mano, en actitud de defensa. Después de preguntar quién acudía ante su puerta, conoció la voz de Don Melquíades, un amigo de su esposo, quién insistía en que la mujer le abriera la puerta porque llevaba noticias muy graves respecto a su marido.
Al escuchar aquello, María de la Luz soltó el jarro y abrió apresuradamente la puerta, y Melquíades penetra con prisa. Alarmada cuestiona a Don Melquíades sobre dichas noticias sobre su marido, que ni siquiera se detuvo a razonar sobre lo mal visto que era en aquel pueblo que un hombre entrara al hogar con una mujer sin estar presente el hombre de la casa. El hombre apresurado narra que Nieves ha sido golpeado brutalmente en la cantina del pueblo y que se encontraba en estado deplorable por los golpes recibidos.

No hubo tiempo de más cuestionamientos, una fuerza brutal derribo la puerta del jacal, y hecho una furia convertida en un grito: ¡Así los quería agarrar!, entra Nieves, el esposo de María de la Luz golpeando a la mujer y llenándola de injurias. Don Melquíades sin más había desaparecido, dejando en aquél cuadro a un hombre pegándole una tunda a su esposa, acusándola de adulterio, mientras una pequeña niña de cinco años lloraba sobre la cama.

Rápido corrió el rumor por el pueblo de Villa de Rosales, que María de la Luz Guzmán, había sido infiel a su marido Nieves, la imagen de aquella joven mujer era sinónimo de pecado y de vulgaridad ante las conciencias conservadoras de aquella comunidad. Fue echada del jacal a empujones propinados por Nieves Saucedo, el esposo engañado. Y a gritos y golpes le espetó en la cara que jamás volvería a ver a su hija.

Sin poder creer lo que le estaba ocurriendo sacudió su vestido y levantándose se dirigió llorando camino a sus familiares, quienes sin comprender lo sucedido concedieron acoger a su hija acusada.
Los hechos fueron a parar ante las autoridades municipales donde habiendo encontrado en el acto bochornoso a la mujer con su amante; se le concedía al padre la custodia de su hija, negándosele cualquier privilegio como madre a María de la Luz.
Ante tal resolución, la joven mujer con el rebozo sobre su cabeza, baja sollozando las escaleras de salida de la presidencia municipal del pueblo. En la calle se encuentra con sus padres que esperaban el veredicto de la sentencia legal, quienes al ver lo acontecido niegan rotundamente el apoyo a su hija, haciéndole saber de la vergüenza que había derramado sobre su familia. El dolor de María de la Luz crece con esta situación, no podía comprender aún como es que le ocurría tal cosa, a ella que de un día para otro se encontraba en medio de un túnel, sin salida.
No le dolía nada más que separarse para siempre de su hija y las palabras de sus padres quienes renegaban de haberle dado la vida. No encontró consuelo ni con sus propios hermanos.
Las murmuraciones del pueblo se hacen intensas y María de la Luz se hace blanco de comentarios y palabras ofensivas a su paso, que a veces se transformaban en duras piedras que iban a estrellarse en alguna parte de su cuerpo que no lograba esquivar de las agresiones. Los hombres más perversos lanzaban obscenidades a su paso y llegó al grado de ser despedida groseramente de la iglesia a medio sermón que profería el sacerdote interrumpiéndolo al percatarse de su presencia en el recinto. No pudo más y busco fugarse de toda esa maldición para ella, decidió hacerse invisible y fue así que concluyó desaparecer de la presencia de toda esa gente. Huyó al monte.
Toda una noche pasó llorando sobre una piedra, sin más luz que el brillo de la luna, rodeada de mezquites y huizaches. Sobre el polvo aún caliente en medio de vegetación, sin un alma humana cerca. La soledad se hace presente en los momentos más tristes de María de la Luz, las horas transcurren rodeadas de llanto, hasta que el cansancio de las lágrimas la hace dormir.
En la madrugada despierta, sacude sus ropas y emprende camino a su jacal, con una firme decisión rondando su cabeza, recuperar a toda costa a su hija, sin importar la opinión de sus padres, ni de su esposo, aun sin importar los rumores de la gente, ella decide tener a su hija cerca. Más sin embargo cuando llega se da cuenta que todo está en completo silencio, entra con sigilo sólo para descubrir que el jacal estaba medio vacío, se habían llevado lo más indispensable. María de la Luz se sienta en el quicio de la puerta pero no llora, solo piensa.

Camina de regreso al monte, empujando con todas sus fuerzas una carretilla en la cual lleva herramientas que logró recuperar de su jacal, así como algo de ropa y cobijas. Avanza con la mirada hacia el infinito, empujada por el orgullo de seguir adelante y algún día recuperar a su hija, a su lado va pasando arboles y vegetación, se interna en su refugio de campo.
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*Narraciones familiares.

miércoles, 13 de enero de 2010

domingo, 10 de enero de 2010

Rompiendo el silencio


Autor: Carlos Ímaz
Páginas: 212

"Hay historias que tienen que contarse antes de que la desmemoria las borre. Esta es una de ella." -Paco Ignacio Taibo II

Esta es una historia de mujeres y hombres verdaderos, de insurgentes zapatistas de finales del siglo XX. Los lugares, los personajes y los hechos son reales; se atienen a la memoria y al testimonio.


La vivencia humana de ese movimiento revolucionario, que hizo su aparición pública el 1° de enero de 1994, con fusiles de metal y de madera, sólo puede revelarse desde la narrativa, como una experiencia vital que no puede apartarse del reclamo de justicia social,


Federico García le contó esta historia a Carlos Ímaz, le habló de sus motivaciones, de la sordera gubernamental, del dolor y del orgullo de pertenecer al Ejercito zapatista de liberación nacional, el EZLN.


Con un lenguaje llano, Rompiendo el silencio penetra en la complejidad del movimiento, los círculos sociales de apoyo -abierto y clandestino- y la lucha armada. Todo transcurre frente al lector que quiera escuchar.


Al final de este libro un viejo campesino le dice al protagonista:



"Nosotros ya antes hemos tenido el silencio al que nos obliga el canalla, Lo conocemos, y cuando uno lo rompe, pues no siempre dura, se grita, su estruendo es potente y doloroso, como ya lo fue. Fuera bueno que hablara la palabra sincera y se cumpliera. Eso queremos. Pero mientras el poderoso le ponga precio y no valor a la palabra, no hay más que decir a los sinvergüenzas con palabras que no sean majaderías. Y pues para que malgastar lampalabra [...] Y el silencio habla nuestra palabra... Ha estado con nosotros grande tiempo, de por sí es callada nuestra manera y sabemos lo duro que es cuando habla la dignidad. Cuando ese silencio dice, puede ser fuerte su decir."

miércoles, 6 de enero de 2010

Nadie sabe la vida



En realidad, nadie sabe nada.
No existe quién compruebe la existencia.

Hay dos extremos:
El chido, y el que duele...
Los dos lados de la vida.


domingo, 3 de enero de 2010

Vidas callejeras, pasos sin rumbo


Autor: Antolina Ortiz
Páginas: 157
Prólogo: Elena Poniatowska


Vidas callejeras, pasos sin rumbo
es el testimonio que nos entrega una investigadora desde el lugar donde tratan de sobrevivir los marginados menores de edad. En este libro usted será testigo de una aguda reflexión sobre esos niños cuya presencia cotidiana parece volvernos parte de nuestra normalidad.

Un país que no cuida a sus niños es un país que lleva todas las de perder. Cuando los niños de la calle de México sientan que ya no tienen que huir, que la sociedad los acepta y les da amor, entonces ningún niño llamado Julio tendrá razón alguna para soñar que vuela y se va, ningún niño preferirá convertirse en animal a ser gente.

(...) Ojalá y hubiera más Antolinas Ortiz en esta ciudad desalmada, donde cada quien se salva o se condena. Un libro como Vidas callejeras: pasos sin rumbo es una llamada de atención y una toma de conciencia.




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Aqui encontrarás más escritos de Martín Guevara Treviño:

Entrevista en Revista Virtual Española:

"PAPIRANDO" REVISTA LITERARIA DE ARGENTINA